Desde que comenzó el partido observé a una Selección hondureña demasiado relajada, como si estuviera consciente de que el encuentro no era imperiosamente necesario ganarlo, ya que aunque perdiéramos siempre quedaba el juego contra México como segunda oportunidad.

A los aztecas les sucedió algo similar el sábado pasado aquí en Jamaica; daba la impresión de que no querían jugar al 100 por ciento de su capacidad. Comentaba en artículos anteriores que la mente de nuestra gente suele confiarse cuando sabe que no está con el agua al cuello. No tenemos desarrollado el sentido de la “urgencia” por alcanzar el objetivo y aunque seamos superiores, nos falta el instinto matador y nos quedamos sufriendo hasta el final.

Hay que darle mérito a Jamaica porque implementó ante México y Honduras un sistema que a ambos países les impidió brillar como lo habían hecho de locales. Para ello puso en práctica su acostumbrado ablandamiento del rival aprovechando la superior contextura física de sus jugadores y la complacencia de un árbitro ideal para jugar de local porque castiga al visitante más allá de la realidad y sus favores no se notan a simple vista. Pero Jamaica no hizo algo brillante en ninguno de sus dos últimos juegos.

México fue el que resucitó a los caribeños porque un empate entre ellos bastaba el 11 de octubre para que clasificáramos aztecas y catrachos a la hexagonal de 2009, sin embargo, no puedo entender cómo aquí en Kingston ambas selecciones visitantes parecían atadas del cerebro y los pies, como poseídas por fuerzas sobrenaturales.

Honduras ha tenido siempre un fútbol que destaca cuando juega de visita porque aprovecha en contragolpe los espacios que los equipos locales dejan cuando están obligados a ganar, como acontecía el miércoles en Kingston. En circunstancias como esa necesitábamos más que nunca al lesionado David Suazo y también la velocidad de Edgar Álvarez; aunque “El Moski” se equivocó bastante en el estadio Azteca el 20 de agosto cuando caímos 2×1, esa vez teníamos a David y antenoche en Jamaica no contábamos con él, por lo que nos hizo falta un hombre físicamente veloz.

Tenemos una buena Selección y un excelente cuerpo técnico, pero para llegar a las grandes metas se necesita un poder inspirador que empuje al equipo, como se notó ante Canadá y Jamaica en San Pedro Sula.

Aquí en el mar Caribe pasamos menos zozobra defensiva que contra Canadá en el estadio Olímpico, pero nos faltó la inspiración o el revulsivo que nos permitiera cambiar el resultado adverso.

En México fue el certero tiro libre de Rambo, en Canadá y en San Pedro contra Jamaica fueron el talento de Ramón Núñez y la capacidad de Suazo para atraer marcas y ante Canadá en el Olímpico fue el golazo de Costly que por fortuna llegó cuando peor jugaba Honduras y acabábamos de encajar el gol del empate.

Si somos realistas, sólo una derrota en casa contra México el 19 de noviembre podría eliminarnos de la hexagonal, por lo que un empate nos clasificará a ambos ya que Jamaica para entrar a la fiesta de 2009 necesita que México gane el choque en Honduras. En caso de un empate entre ellos, los caribeños deberán ganar a Canadá por 7 goles de diferencia, lo cual sólo podría ocurrir si le regalaran el partido.

Para evitar sorpresas reitero mi recomendación de jugar contra México en el estadio Morazán y no en el Olímpico, aunque se sacrifiquen varios millones de lempiras.