El Necaxa de Tegucigalpa ganó el torneo Clausura de la Liga de Ascenso al eliminar al Social Sol de Olanchito dirigido por Carlos Orlando Caballero, que jugó con la Selección de Honduras frente a España en el Mundial de 1982.
Ahora el equipo capitalino deberá jugar dos partidos contra el Atlético Gualala de Santa Bárbara, ganador del torneo Apertura. El vencedor de ese doble enfrentamiento será el nuevo inquilino de la Liga Nacional de Primera División que tomará el lugar dejado por el descendido Real Juventud, también de Santa Bárbara.
Vale la pena preguntarse en este momento qué equipo le conviene al fútbol hondureño que juegue el próximo torneo que inicia el 18 de julio. Hay que tomar en cuenta algunos datos históricos.Si asciende el Necaxa, no tiene instalación para jugar de local y deberá recurrir al estadio Nacional en que equipos capitalinos, como Universidad, Real Maya, Curacao, Federal y Atlético Indio, siempre que jugaron produjeron déficit y terminaron siendo locales en canchas cercanas como Siguatepeque, Comayagua y Danlí, donde nunca fueron aceptados ni apoyados por las aficiones de esas ciudades. Todos estos clubes perdieron su categoría. Por lo tanto, “los rayos” deben tener un plan para que el éxito que puedan alcanzar este mes les dure más de un año y no les produzca pérdidas a sus directivos.
Si sube el Atlético Gualala, el fútbol catracho gana en descentralización al mantener al balompié profesional presente en la importante zona occidental del país que dejó acéfala Real Juventud. Para ellos sería más fácil crear conciencia en la afición y en las empresas de esos lados sobre la importancia de mantener un equipo en la división de honor y aprovecharían la experiencia de sus vecinos, que acaban de descender en parte por la inocencia de algunos directivos y también por la discriminación de que fueron objeto por las autoridades de la Liga.
Lo que sí queda claro es que cualquiera de los dos que ascienda a primera división tendrá muy poco tiempo (un mes) para contratar jugadores y prepararse, por lo que urge cambiar las bases del torneo de Segunda División porque el próximo año, si Honduras clasifica al Mundial de Sudáfrica, que es lo más probable, los torneos Apertura de primera y segunda división deberán terminar a más tardar el 10 de mayo de 2010 para permitir la preparación de la Selección Nacional y para que el nuevo ascendido no llegue en desventaja a la división privilegiada. El Mundial de Sudáfrica se jugará del 11 de junio al 11 de julio de 2010. También hubiera convenido el ascenso de un equipo de Olanchito porque allí nace gran cantidad de futbolistas talentosos.
Escribo esta columna desde Chicago, donde nos encontramos en espera del partido de mañana contra Estados Unidos en el cual tendremos el apoyo incondicional de 30 mil compatriotas que hoy empiezan a desplazarse en automóvil desde sus lugares de residencia hasta esta hermosa ciudad. Éste será el único partido fuera de casa de los nueve de la eliminatoria en el que tendremos más apoyo que el anfitrión. Nos sentiremos como en San Pedro Sula, donde también estaremos el miércoles próximo para enfrentar a los salvadoreños. Confieso que antes de estos juegos me pongo nervioso y admiro la experiencia de la mayoría de nuestros jugadores que, curtidos en estas lides, son más tranquilos.
6 Comentarios for "Nos sentiremos como en San Pedro Sula"
Hola, soy Victor y escribo desde Los Angeles, CA. medio curiosidad ala leer los equipos que jugaran el ascenso a la liga nacional Hondurena, y me dio mas curiosidad el saver que uno de los equipos ademas de ser copia en cuanto al nombre se refiere de un equipo mexicano (EL NECAXA), del cual espero esten recibiendo ayuda por nombrarse asi, tambien tengan la oportunidad de conseguir no una cnacha si no un estadio dodne practiquen sus juegos de visita, y esto no es culpa de los mismos equipos existentes y ya desendidos anteriormente q no la an tenido, si no mas bien culpa federacion Hondurena de futbol por no reglamentar esto antes de un ascenso que todo equipo que se vea involucrado en un ascenso a lal liga tendria que presentar su propio estadio con cierta capacidad de asistencia y lo que seria mas importante que reflejara seguriad al publico y a los jugadores, y no se verian en casos comomlos anterior de jugar en estadios donde no seran tomados en cuenta por sus seguidores originales que los vio luchar en sus ascenso que tanto cuesta.
Gracias
Victor
Lo que me gusta es que Honduras le juega de tu a tu a cualquiera. Los resultados son cuestión de suerte, cosas circunstanciales, pero están jugando muy bien y no se amilanan ante nadie. Chelsie pierde con el Barca, el Madrid con Liverpool, nadie cuestiona la capacidad de esos equipos, alguien tiene que ganar. Dos equipos se enfrentan de poder a poder, los goles son circunstanciales. Pero Honduras es un equipo que tiene lo suyo y nadie duda de su capacidad. Es un equipo temido y se la juega de tu a tu con culaquiera.
La batalla diplomática en torno al regreso de Cuba a la OEA fue un laberinto de paradojas. Venezuela y sus aliados (Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Honduras) queriendo que la isla regresara a la institución, de la que fue expulsada en 1962 por su vinculación al marxismo leninismo. Estados Unidos y Canadá opuestas, porque la Carta Democrática, firmada en el 2001 por todos los estados miembros (incluida la Venezuela de Chávez), exige que las naciones miembros gocen de pluralidad política, elecciones libres y se respeten los derechos humanos, panorama muy distante de la realidad estalinista de palo y terror que impera en Cuba.
En el medio de esas fuerzas encontradas, en un papel poco airoso, encontro al abrumado chileno José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, quien un día afirmaba una cosa y al siguiente la contraría, con lo cual no pasará a la historia como un modelo de integridad intelectual, pero sí como el hombre que liquidó el principio de identidad de Parménides: en su novedosa filosofía, una cosa puede ser y no ser al mismo tiempo. Cuba puede ser una dictadura, como reconoce, y pertenecer a una institución que rechaza las dictaduras, como mandan los papeles de la OEA. ¿Por qué lo hace? Según los malpensados, porque le debe su cargo a Hugo Chávez. Según sus amigos, porque desde de la OEA sería más fácil impulsar los cambios democráticos dentro de la isla.
El gobierno de los Castro, por su parte, no tiene interés en reingresar a la OEA. A lo largo de los años, Fidel, que es un consumado insultador, la ha llamado ”ministerio de colonias”, ”prostíbulo de los americanos”, ”maloliente” y otras lindezas. La última andanada es muy reciente: el 11 de mayo pasado calificaba a la OEA de ”podrida” y le negaba el derecho a juzgar la realidad cubana desde una perspectiva ética. No puede olvidarse que Fidel Castro debutó en la vida pública en abril de 1948, cuando estudiaba derecho, como miembro de una delegación de jóvenes radicales de varios países reunidos en Colombia por invitación y a cuenta de Perón, presidente de Argentina, quien entonces organizara un ”congreso antiimperialista internacional” en Bogotá para protestar contra la creación de la OEA en esa ciudad. Han pasado 61 años y Fidel Castro, hombre de ”culillos” o ideas fijas, Peter Pan de barricada que no madura ni aprende, sigue odiando a la OEA.
En todo caso, esta batalla, que tiene cierto costo para el chavismo, tampoco beneficia al gobierno de Cuba, que percibe el conflicto como una suerte de humillación. Todo sucede, además, en el peor momento para los Castro, en medio de una aguda crisis económica de la que pretenden salir, estúpidamente, con más controles y mayor represión, pese a medio siglo de experiencias negativas con esos métodos, y cuando se palpa una total frustración dentro de los cuadros y militantes del partido comunista. Ante la ausencia total de las ”reformas estructurales” prometidas por Raúl Castro, los desmoralizados militantes ya saben que ese sistema y ese gobierno, a medio o largo plazo, no tienen salvación porque son incapaces de regenerarse.
Este estado de desánimo general se comprobó en la encuesta secreta realizada por el partido comunista en la Universidad de La Habana a fines del 2008: en un universo de 30,000 personas, supuestamente simpatizantes, sólo el 8% de los profesores y administradores, y apenas el 22% de los estudiantes, apoyaba realmente al gobierno. La inmensa mayoría quería poner fin cuanto antes a ese viejo y desacreditado disparate. La encuesta, por cierto, fue una de las causas de la expulsión de su cargo de Juan Vela, ministro de Educación Superior, quien la autorizó, probablemente convencido de que los predecibles resultados (aunque nunca pensó que fueran tan demoledores) servirían como una llamada de atención frente al inmovilismo del gobierno.
La paradoja mayor, sin embargo, es la relación que se percibe en Cuba entre la supervivencia de Fidel Castro y la creciente deslegitimación de Raúl como su heredero. Mientras más tiempo continúe vivo Fidel, con su terco y congelado estalinismo, más débil y repudiado llegará Raúl al ”gran entierro”, y menos posibilidades tendrá de organizar la transmisión de la autoridad dentro de las instituciones comunistas cuando él también decida morirse. Ya lleva casi tres años de gobierno y la situación, lejos de mejorar, ha empeorado intensamente. Fidel, durante toda su existencia, construyó a su antojo la vida de su hermano Raúl. Ahora le está cavando una fosa profunda e innoble.
Es razonable que los países de las Américas tengan una plaza diplomática en la que encontrarse para examinar los asuntos comunes. Eso, aparentemente, es la OEA, pero hay que admitir que la institución nació en 1948 como una trinchera de la guerra fría. Hasta ese momento a Estados Unidos no le interesaba demasiado discutir colectivamente con la veintena de naciones latinoamericanas. Para Washington era mucho más fácil entenderse bilateralmente con cada una de ellas.
Tras la Segunda Guerra Mundial el panorama era diferente. Ya a fines de 1944, todavía sin concluir el conflicto, las tropas británicas habían tenido que desalojar a los comunistas de Atenas a tiro limpio. Con una mano peleaban con los nazis y con la otra con los ”aliados” marxistas-leninistas. En 1947, sin duda, la guerra fría había estallado ruidosamente. Para Harry Truman (y para Stalin, desde la perspectiva contraria) el peligro era obvio: tras el espasmo imperial de la URSS en Europa y el avance de los comunistas en China, resultaba inevitable el enfrentamiento por la hegemonía planetaria entre las democracias capitalistas y las dictaduras colectivistas. Según los teóricos del Kremlin, se acercaba el minuto de ”la lucha final” que anuncia el pegajoso himno de La internacional.
Washington y Moscú comenzaron a afilar los sables y a cavar trincheras. La URSS tenía una estrategia de conquista muy bien aceitada desde la era de Lenin y contaba con la valiosa colaboración de los comunistas locales. Estados Unidos, rápidamente, comenzó por organizar la defensa de América para resguardar su propio territorio. En 1947 reunió en Río de Janeiro a los países latinoamericanos para firmar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), versión modesta de lo que pronto sería la filosofía clave de la OTAN: todas las naciones responderían conjuntamente si una de ellas fuera atacada. Un año más tarde, en abril de 1948, se forjaba la OEA en Bogotá. Sin proclamarlo abiertamente, era el foro político y diplomático destinado a concertar la defensa frente a los embates de la URSS. Naturalmente, los grandes escenarios de batalla eran Europa y Asia, pero el presidente Truman no quería descuidar el campo americano.
Finalmente, en noviembre de 1989 fue derribado el muro de Berlín y, un par de años más tarde, con la disolución de la URSS y la desaparición del bloque comunista europeo, concluía la guerra fría. Estados Unidos y sus aliados la habían ganado y tenían que adaptarse a la cómoda hospitalidad de un mundo nuevo y diferente en el que la sociedad americana, por primera vez en su historia, no parecía afrontar ningún enemigo externo que pusiera en peligro su seguridad o amenazara su pasmosa vitalidad económica.
Como parte de esa nueva etapa vino el rediseño de la OEA. La institución ya no tenía sentido como trinchera anticomunista (nunca lo tuvo, realmente) y había que buscarle un nuevo rol: serviría para afianzar el comportamiento democrático y la defensa de la economía de mercado, más o menos como hacían las naciones del viejo continente dentro de la Unión Europea con los llamados Criterios de Copenhague y los Acuerdos de Maastricht. Era el fin de la historia: no había más opciones que la democracia liberal y el mercado.
Vana ilusión. Es una coincidencia casi borgiana que la firma de la Carta Democrática que redefinía y precisaba el perfil político de los países miembros de la OEA se firmara en Lima, precisamente el 11 de septiembre de 2001, el día en que los terroristas de Al Qaida atacaban New York y Washington. Súbitamente, había terminado el breve periodo de hegemonía estadounidense sin enemigos. Otra vez la seguridad norteamericana estaba bajo amenaza.
¿Y la OEA? Curiosamente, ya no les sirve a los intereses políticos o estratégicos de Estados Unidos. Está muy influida por la corriente de lo que llaman el ‘’socialismo del siglo XXI” acaudillada por Hugo Chávez bajo la dirección de los hermanos Castro y el control de los servicios secretos cubanos. ¿En qué consiste? Es una familia política militantemente antioccidental, aliada a todos los enemigos de los intereses y valores de la sociedad norteamericana –Irán, Corea del Norte, Bielorrusia, las FARC colombianas–, convencida de que tiene como sagrada misión histórica recuperar la causa traicionada por los decadentes comunistas europeos cuando disolvieron la URSS y abandonaron la lucha por un planeta más justo dominado por las ideas marxistas. Es el mismo socialismo del siglo XX, pero con poncho y en alpargatas.
Ahora, ¿qué va a hacer Estados Unidos frente a este nuevo reto de ”baja intensidad”? Cruzarse de brazos no suele ser una postura habitual norteamericana. Sin embargo, cualquier estrategia que decida poner en marcha en defensa de sus intereses y principios frente al socialismo del siglo XXI tiene que partir de una melancólica convicción: la OEA ya no les sirve para nada. Tienen al enemigo en casa.
Salvador!…Honduras va a clasificar 4to y en el repechaje no creo que nos vaya bien. Seamos honestos.
A mi no me interesa si honduras juega como España, Inglaterra o Brasil, lo que me interesa es que gane los partidos, no que siempre cuando tenemos la soga al cuello es que queremos hacer las cosas bien, y con respecto a Rueda todos sabemos que es un gran entrenador pero que abra los ojos con Amado Guevara ya que en el partido contra Estados Unidos andaba perdido y fue poco lo que se vio, teniendo sentado a Danilo Turcios, el cambio no era Wilson era AMADO, podra ser el capitan pero para mi el capitan tiene que ser COSTLY por que el es puro corazon en nuestra seleccion, casi no juega y se ve mejor que los 10 que estan con el, yo apoyare a la H hasta que dios me de vida en la tierra, pero La seleccion tiene que tener mas caracter y jugar los partidos como si fuesen los ultimos, siempre tenemos grandes jugadores pero de que sirve si no se entregan de corazon, y sobre David Suazo que mala suerte la de nosotros porque siempre que estamos en aprietos a el le pasa algo, y hay que abrir los ojos porque Honduras sin el adelante NO METE MIEDO, porque simpre a el lo marcan 2 defensas, Pavon es un jugador de area y es gran jugador, pero no es lo mismo ver a COSTLY con DAVID adelante.
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