bicolorQuiso el Divino Creador del Universo que a mí me correspondiera vivir en los estadios los cinco momentos más importantes de la historia del fútbol hondureño hasta hoy. El lunes 16 de noviembre de 1981, cuando en el estadio Nacional de Tegucigalpa clasificamos al Mundial de España, los tres partidos de dicho campeonato que Honduras jugó el miércoles 16 de junio en Valencia, el lunes 21 de junio y el jueves 24 de junio de 1982 en Zaragoza. Me tocó esperar más de 27 años para saborear el miércoles 14 de octubre de 2009, en el estadio Cuscatlán de San Salvador, nuestra segunda clasificación mundialista.

Son momentos indescriptibles porque es muy difícil expresar lo que uno siente, momentos sublimes que acentúan nuestro amor por la patria y la identidad que nos hace únicos como nación, con nuestras tradiciones, comidas, bailes, música y hermosos e irrepetibles rincones de nuestra geografía.

En junio próximo en Sudáfrica tenemos garantizados tres nuevos momentos históricos cuando disputemos la primera fase de la Copa del Mundo que espero que superemos. Desde hoy nos esperan siete hermosos meses en los que viviremos de la renta de la clasificación.Pero, ¿qué pasará después? Después de jugar el Mundial de España, nuestras autoridades se durmieron en sus laureles y no transmitieron las recomendaciones que para el desarrollo del fútbol catracho dio el DT Chelato Uclés.

Se desperdició el resto de 1982 y todo 1983 hasta que los mismos mundialistas empezaron a jugar en 1984 la eliminatoria rumbo a México 1986. En aquellos años, la Fifa apenas comenzaba los torneos mundiales juveniles e infantiles y se fueron estableciendo edades máximas para las competencias regionales de eliminación rumbo a Juegos Centroamericanos  y Juegos Olímpicos.

Mientras otros países de Centroamérica como Costa Rica y Guatemala organizaron torneos locales para menores de 15, 17, 19 y 21 años, Honduras ignoró ese futuro y siguió recurriendo a las recomendaciones informales del interior del país donde aparece gran cantidad de valores que han ido integrando las selecciones menores, que apenas en 2009 por primera vez clasificaron en dos categorías a torneos mundiales.

Antes de criticar lo realizado por nuestras selecciones Sub-17 en Nigeria y Sub-20 en Egipto, hay que entender que sólo Honduras no tiene torneos locales en esas edades, lo cual constituye una desventaja a la hora de la alta competencia.

A pesar de eso, somos el país de Centroamérica con más futbolistas, con más árbitros y tenemos más del doble de legionarios que Costa Rica y Guatemala; pero urge organizar cuatro torneos paralelos a los de Apertura y Clausura de Liga Nacional: el Campeonato de Reservas que debe jugarse como preliminar de los adultos y los torneos Sub-15, Sub-17 y Sub-20. El futuro del fútbol está allí. Eso nos permitirá sufrir menos para clasificar a los próximos mundiales adultos.

Si argumentan que no hay dinero, averigüen cómo han hecho en esos países vecinos para sufragar los gastos de esos torneos. El Proyecto Gol, que en Honduras prácticamente no existe, les ahorra mucho dinero a los países hermanos del istmo y por lo tanto debe ser una prioridad deportiva del nuevo Gobierno construirlo en forma similar al que tienen nuestros vecinos centroamericanos.

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