hondurasMuchas personas, tanto de Honduras como periodistas de otros países que me entrevistan, me piden comparar las dos selecciones mundialistas  de Honduras, ya que tuve la fortuna de integrar la delegación de nuestro país  en la primera incursión en España 1982 y si Dios lo permite estaré también en Sudáfrica en junio próximo.

Son dos equipos totalmente diferentes, lo de 1982 fue el primer trabajo serio que se hizo en un fútbol semiprofesional en el que la mayoría de los jugadores además trabajaban y no se dedicaban como hoy solamente al balompié.

Salvo Gilberto Yearwood que llevaba cinco años en el Campeonato Español, los demás futbolistas eran de la Liga Nacional y estuvieron concentrados durante casi dos años no sólo sin lujos, sino además con muchas limitaciones producto de la falta de fondos e infraestructura para albergar a una delegación deportiva que reinaba en aquella época. Se acababa de fundar la Fenafuth y había poca experiencia directiva, salvo la de Roberto Ochoa Córdova ( Q.E.P.D.).

Tuvimos la dicha de contar con Chelato Uclés, un técnico preparado en la exigente Escuela de Entrenadores de Argentina, quien a sus 39 años de edad guio a los directivos para realizar un proceso que tuvo muchos tropiezos logísticos; los jugadores caminaban a oscuras casi un kilómetro para ir a cenar arroz, frijoles y queso y durante muchos meses en Valle de Ángeles compartían una sola habitación seis de ellos. Nada que ver con los hoteles cinco estrellas de la actualidad en los que duermen de a dos, ni con los viáticos y elevados sueldos de los cuales disfrutan los integrantes de la actual selección.

En este momento la base de Honduras juega en buenos equipos de primera división en Europa y son excelentemente remunerados. Además tienen en promedio más edad que los jóvenes hondureños de 1982 cuando, salvo Jaime Villegas, “Azulejo” Bulnes y los porteros suplentes, Salomón Nazar y Jimmy Stewart, el resto era muy joven.

Son épocas diferentes porque el mundo en 28 años ha evolucionado y ahora nuestro fútbol es profesional. Tanto como que muchos jugadores viven de lo que les produce y no necesitan otros ingresos como en 1982 cuando era imperioso que además trabajaran.

La primera vez es más emocionante en todo orden de cosas. En 1982 no existía la cantidad de medios de comunicación que hay ahora. En aquel año podíamos sorprender a los rivales porque no nos conocían tanto ni nos temían; pero ahora todos los entrenadores saben de la forma de jugar de nuestras estrellas Wilson Palacios, David Suazo, Edgar Álvarez, Carlo Costly, Amado Guevara, Dani Turcios, Carlos Pavón, Mynor Figueroa, Hendry Thomas, Rambo León y otros.

Hoy Vicente del Bosque, Ottmar Hitzfeld y Marcelo Bielsa deben tener  en su poder especiales de televisión con las virtudes y defectos de cada uno de los jugadores hondureños y por lo tanto tienen armas para neutralizarnos.

Cualquier cosa que le pasa a un jugador catracho lo saben de inmediato vía Internet los técnicos rivales que tendremos en Sudáfrica y a la inversa, lo mismo ocurre con Reinaldo Rueda.

En 1982 no existía el fax, mucho menos el correo electrónico, tampoco había celulares y los jugadores hondureños al no haber  vivido fuera del país tenían una concepción distinta de la vida.

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